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lunes, 21 de septiembre de 2015

Guardaparques, un servicio que inspira vocación



Durante las últimas semanas he sentido un orgullo indescriptible y he tenido ganas de contárselo al mundo. Creo indispensable que todos sepan que trabajo con el mejor equipo humano que se pueda desear; con hombres y mujeres que no solo cumple con su trabajo por profesionalismo, sino y por sobre todo, porque aman lo que hacen.

Y eso lo ratifiqué en estos intensos días de trabajo en que nuestro país fue golpeado por un número de incendios paralelos y sin precedentes en la historia. Los mensajes con reportes iban y venían al igual que las fotografías de todas partes del Ecuador en un chat que creamos para poder mantenernos informados y tomar las decisiones necesarias a nivel país.

Once de la noche, dos de la mañana, cuatro. No importaba la hora, las 24 provincias estaban activadas y créanme que era conmovedor ver como nuestros guardaparques hacían todo lo posible y lo imposible para salvar ese patrimonio de todos nosotros que se quemaba centímetro a centímetro.

Y no solo eso, sino que quienes se encontraban en zonas no afectadas pedían autorización para poder trasladarse a donde los necesitaran con el fin de ayudar; y muchos lo hicieron por el solo hecho de salvar nuestro planeta. Nadie escatimó recursos, no hubo horarios, límites provinciales o disposiciones de autoridades, no había miedo; solo pasión.

Una pasión con rostros, con nombres y apellidos. Raúl, Becker, Gisella, Wilson, Sonia, Andrés, ellos son parte de los 750 guardaparques que protegen nuestros recursos, son ellos nuestros héroes verdaderos, quizá anónimos pero reales.


Son ellos quienes viven en las reservas naturales, quienes conviven con el peligro los 365 días del año, quienes monitorean la vida silvestre amenazada ya sea por procesos naturales como el Cotopaxi o por la misma mano del hombre. Son la primera voz de alerta ante cualquier eventualidad en la naturaleza, apoyan al IGM en el mantenimiento y colocación de equipos. Diariamente recorren las áreas naturales, realizan controles, son nuestros ojos y nuestras manos en campo.

Por eso cuando leía esos mensajes de celular ratifiqué lo que pensaba: en verdad tengo mucha suerte al estar rodeada de personas que aman lo que hacen; porque cuando se trabaja en un banco, en una caja de cobros no necesariamente se debe amar el sistema bancario. Pero quienes trabajamos en ambiente si debemos amarlo, respetarlo y sentir pasión por él.

Para poder decirles gracias por todo esto, hace poco me reuní con ellos, con mis guardaparques que antes no existían en el país y hoy son un eje fundamental de nuestra Cartera de Estado y de nuestras vidas; y, lejos de lo que podía esperar, quizá encontrarme con personas agotadas por tanto trabajo, por la ceniza del volcán o los minuciosos cuidados que entregan a los animales de las reservas, ellos me recibieron con una sonrisa. Con un sano orgullo que a través de sus miradas me dijeron: misión cumplida.

Yo solo puedo compartir con ustedes esta experiencia y agradecer a nuestros guardaparques porque inspiran vidas con sus acciones cotidianas que ya están cambiando la historia. Ellos son el mensaje activo del Ministerio del Ambiente para el mundo: vivir la vocación de servicio que nos pone el reto de ser mejores todos los días.


Gracias infinitas a los guardaparques, a sus esposas, sus hijos y sus familias porque ellos entienden el valor del tiempo y saben que para nosotros ser servidores públicos es una oportunidad que nos permite ser mejores todos los días y entregar siempre cosas positivas. El Ministerio a través de ustedes es un ejemplo y este es un reconocimiento para ponerlos en el lugar en el que ustedes merecen estar, no porque alguien lo diga sino porque es su derecho, por su dedicación y su entrega de la cual me siento absolutamente orgullosa.

Lorena Tapia N.

Ministra del Ambiente

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El rescate de la rana cohete



Hace pocos días y por una extraña casualidad mi pequeño hijo Ignacio escogió como compañero de sueño a un pequeño peluche verde de largas patas y de sonrisa amable.  Durante siglos los niños han buscado en esas compañías protección; y, empezaba diciendo que me pareció una “extraña casualidad” porque esa noche tenía como objetivo escribir este artículo para contarles lo que las ranas hacen por el planeta.

Estos pequeños seres que pueblan la tierra desde hace 350 millones de años son determinantes en la estabilidad de la cadena trófica. Es decir, son parte indispensable en el proceso de transferencia de energía alimenticia a través de una serie de organismos, en el que cada uno se alimenta del precedente y es alimento del siguiente. Si las ranas desaparecieran, todo el sistema se altera.

Pero la naturaleza es implacable y la reciente actividad del volcán Cotopaxi trajo consigo no solo las alertas por ceniza, emisión de gases o una inminente erupción que destruiría mucho de lo que encuentre a su paso; nos trajo también la triste noticia de la  posible desaparición de la única población sobreviviente de ranas cohete, las ranas símbolo de Quito que serían arrasadas por lahares en caso de la explosión del coloso.

Esta era una situación única en la historia de la conservación de la biodiversidad del Ecuador, pues por primera vez se tiene conocimiento de la posibilidad de la extinción de una especie de animal como producto de una catástrofe natural, tal como nos alertó Santiago Ron, Curador de anfibios del Museo de Zoología de la Universidad Católica del Ecuador, un apasionado científico que ha dedicado su vida al estudio de esta especie.

El reto entonces era tomar acciones inmediatas que nos permitieran salvar a esta especie, darle otra oportunidad de vida y que las orillas del río Pita, que han sido su fuente de vida, no se conviertan también en el de su muerte. La única opción era poder rescatarlas de ese lugar y ponerlas a buen recaudo para sobrevivir su especie.

El mejor lugar para hacerlo, era la Balsa de los sapos, un laboratorio con altos estándares de calidad en donde tiene ranas en cautiverio para poder estudiarlas, para reproducirlas y cuidarlas con detalles como salas especializadas con micro climas adecuados, con lluvia permanente y alimento seguro para que se sientan como en casa.

Biólogos de la Universidad Católica conjuntamente con personal del Ministerio del Ambiente emprendieron la aventura de localizar a las pequeñitas ranas cohete en medio de un verano intenso que no garantizaba poder hallarlas.

Armados y equipados de esperanza recorrieron centímetro a centímetro el tramo del río Pita, en donde fueron vistas por últimas vez. Más o menos a la media hora de búsqueda un grito de alegría indescriptible daba cuenta de que hallamos una ranita juvenil. Todo el trabajo realizado tenía sentido. Esta pequeña se sumaba a dos renacuajos recolectados antes y que se espera pertenezcan a la misma especie.

La búsqueda se extendió por algunas horas que incluyeron inclusive el uso de play back (el canto de las ranas emitido por un pequeño parlante, esperando que por su territorialidad canten y podamos ubicarlas con mayor facilidad), pero al final de la jornada solo pudimos ubicar un renacuajo adicional.

La jornada había sido un éxito pues creíamos que por las condiciones del clima sería casi imposible hallarlas; pero nos llevamos tres y con ellas renace la esperanza de no perder una de las especies más amenazadas del mundo.
Estas iniciativas son las que nos hacen creer en la humanidad. Todos podemos ser parte de este Ecuador Verde que debemos cuidar y proteger no solo para nosotros sino para todo el planeta. Gracias a Santiago, a su extraordinario equipo y al personal del MAE porque cada uno de ellos nos ayudó a cambiar la historia.

Lorena Tapia                                                                                                                                                                      
Ministra del Ambiente



viernes, 4 de septiembre de 2015

Un planeta hambriento






Muchos de nosotros, por no decir todos, nos hemos conmovido al menos una vez en la vida al ver a un niño muriendo de hambre o estirando su mano para pedir algo de comer. Esa acción tan básica e instintiva del ser humano que es comer; un ejercicio que todos creemos tan simple y tan cotidiano puede en verdad cambiar no solo nuestra vida sino la del planeta entero.

¿Pero cómo sucede esto?, pues es muy simple. Cada vez que elegimos un producto en lugar de otro casi sin saberlo o sin darnos cuenta estamos ayudando a destruir el mundo o a conservarlo. Creo que nunca nos hemos detenido a pensar algo así. Cuando salimos a la tienda no vamos pensando en cuánta basura podemos generar si compramos una funda de tal o cual producto, si es mejor comprar la leche en funda, en cartón o en una botella de vidrio. En verdad en lo que pensamos es en  cuánto nos costará y obviamente tratamos de ahorrar lo máximo.

Pero la realidad es alarmante: cada persona en Ecuador genera 2 libras diarias de residuos sólidos lo cual se traduce en 4.1 millones de toneladas al año. Para tratar de contrarrestar esta terrible realidad hemos desarrollado una serie de iniciativas que buscan mejorar la vida de las personas y por ende de nuestra casa: la Tierra.

En ese camino nos encontramos con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien nos ha acompañado en muchos sueños como el de Socio Reciclador que ha devuelto no solo la esperanza a miles de personas que tenían a la basura como un medio de sustento, sino que además hoy les provee de un nuevo medio de vida de manera digna.

Debo confesarles que el camino no ha sido fácil pero cuando recibimos gestos de gratitud como un gracias de esos esperanzados recicladores nos damos cuenta que estamos en el camino correcto. Y aún más cuando Ecuador es halagado no solo casa adentro sino también afuera por ser un líder en la región y un ejemplo para el mundo por su manejo de desechos.

Esta semana recibimos a nombre del Gobierno Nacional la donación de la muestra fotográfica Hungry Planet (Un Planeta Hambriento), que nos muestra la vida de 30 familias de 24 países del mundo. La donación de esta reconocida muestra llegó no por casualidad sino porque el mundo nos reconoce por nuestro programa de gestión integral de desechos sólidos. Todos debemos sentirnos orgullosos ya que Morgan Doyle, representante del BID en Ecuador, sostiene que nuestro país ha marcado ya un hito extraordinario en este campo. Considera que nuestros proyectos son innovadores y pocas veces visto en la región.

El MAE es Ecuador, nos reconocen como una entidad proactiva con ambiciosos programas que ellos esperan y aspiran poder seguir apoyando y que esa colaboración perdure en el tiempo. Estas palabras y muestras de confianza en nuestra gestión nos impulsan a continuar cada día con más aliento. Gracias a todos los ecuatorianos que ya son parte de la Generación Verde, a los ciudadanos que creen que el reciclaje es un camino y lo acogieron con esperanza, interés y mucha responsabilidad. Vamos en la dirección correcta. Gracias a todos por sus aportes y no olviden preguntarse ¿Cuánto de lo que consumimos realmente necesitamos? Recuerden que pequeñas acciones hacen grandes cambios y estos cambios empiezan por uno mismo.

Lorena Tapia
Ministra del Ambiente

NOTA: Las fotos usadas en este blog tienen permiso para ser publicadas en este y otros medios respetando los derechos de autor.

Estas fotografías pertenecen al fotógrafo Peter Menzel 

lunes, 24 de agosto de 2015

El milagro de Punta Pitt



El comienzo de una nueva vida es motivo suficiente para que podamos alegrarnos, festejar y reconocer que efectivamente ese acto que sucede a diario y que a veces nos es tan común, en verdad es un milagro de la naturaleza.

Y hoy quiero compartir con ustedes no solo uno sino cientos de ellos que nos llenan de esperanza y que nos dicen que es posible cambiar hasta los peores escenarios y llenarlos de color.

En 1998 un tenaz Fenómeno del Niño casi terminó con la población de nuestros piqueros patas rojas, una excepcional especie que junto a los patas azules y a los enmascarados le han dado identidad mundial a nuestras Islas Galápagos.

Lo único que diferencia a los patas rojas de los otros piqueros es que ellos viven en ecosistemas únicos uno de ellos es Punta Pitt, un sitio maravilloso enclaustrado en un extremo de la Isla San Cristóbal, de donde casi desaparecieron  con las lluvias en el 98.

En ese entonces se realizó un censo para poder conocer las afectaciones reales de ese invierno y la noticia más que alarmante fue devastadora: tan solo quedaban menos de 100 especímenes vivos.

Eso convirtió a la población de piqueros patas rojas en aves en peligro de extinción en las islas Galápagos y fue entonces que comenzamos un cuidado exhaustivo, pero sobre todo dedicado y con amor, para tratar de salvar su especie. En este sitio, que es de alto valor ecológico, la Dirección del Parque Nacional Galápagos invierte enormes esfuerzos para controlar las especies introducidas como roedores, gatos, hormigas y cabras para poder preservar las especies de este lugar.

Los primeros frutos de ese trabajo diario los tuvimos cuando pudimos comprobar que la población de patas rojas aumentó a 271 en el año 2011 y a 427 en el 2013. Y si bien pudimos respirar un poco más tranquilos porque en cinco años cuadruplicamos la cifra de patas rojas, aún eran pocos especímenes para asegurar la supervivencia de su especie en las islas.

Pero el trabajo continuó y hace pocos días terminamos con el censo 2015. Los guardaparques encargados de esta actividad nos acaban de confirmar que por primera vez en la historia de Galápagos hoy tenemos 1107 piqueros patas rojas (752 adultos y 355 pichones y juveniles), que adornan el paisaje de Punta Pitt y nos devuelven la esperanza de poder ver y disfrutar la majestuosidad de esta ave nativa de Galápagos.

Bien lo decía Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados”. Punta Pitt es un claro ejemplo de esa lucha silenciosa y tenaz por lograr sobrevivir una especie. Por ahora lo logramos, lo hicimos por ustedes, por nuestros hijos y por el mundo. Les invito a festejar estas 1107 razones de vida.



Lorena Tapia
Ministra del Ambiente

miércoles, 5 de agosto de 2015

Loja, Guayacanes y una sinfonía de color



Para Facundo Cabral la alegría es amarilla. Y desde enero de este año comparto este sentimiento tan único de poder poner colores a los sentimientos porque tuve un inicio de 2015 muy especial. No solo pude presenciar la magia del florecimiento de la vida con los Guayacanes, también recibí a nombre del Ecuador un nuevo reconocimiento hecho por UNESCO. Recibimos nuestra sexta certificación de Reserva de Biosfera. 

Los causantes de este nuevo título eran precisamente esos Guayacanes milenarios que sobreviven en una zona extremadamente difícil y solo una vez al año despiertan para cautivarnos con el aroma y el amarillo de sus flores. 

Son más de 500 mil hectáreas llenas de vida pues a pesar de que muchos de nosotros podemos pensar que en esa zona tan árida es casi imposible la existencia de animales o plantes, nuestro Bosque Seco alberga la población de aves endémicas más grande de toda Sudamérica con 51 especies distintas; tiene 3 especies de mamíferos únicos en todo el mundo, más de 20 tipos de árboles, el mono aullador de la Costa y por si eso fuera poco, también tenemos cocodrilos (Cocodrylus acutus). 

Todas y cada una de estas maravillas fueron tomadas en cuenta para que Unesco, a año seguido, llegue a Ecuador para entregarnos este reconocimiento. Pero, ¿cuál es el objetivo de ser una Reserva Biosfera del mundo? En realidad hay tres muy importantes. En primer lugar poder mantener el estado y la funcionalidad de la biodiversidad única de esta zona de nuestro país que abarca las provincias de El Oro y Loja. 

Promover el desarrollo sostenible e implementar prácticas responsables con el ambiente en los ocho cantones que se encuentran en el área considerada reserva; lograr que cada ciudadano que llegue a este mágico lugar asuma el respeto a este patrimonio cultural local y finalmente impulsar iniciativas de investigación, educación, observación permanente e intercambio de experiencias. 

Y es precisamente este último punto el que nos lleva a reunirnos hoy en Loja. El hecho de poder compartir experiencias e ideas que nos trasladen a construir modelos de gestión para las 6 reservas de Biósfera que tenemos en nuestro país (El Parque Nacional Galápagos, Parque Nacional Podocarpus, Bosque Seco, Parque Nacional Sumaco Napo Galeras y el Parque Nacional Cajas), considerados como lugares mejores preservados del planeta. 

Poder cuidar de estos recursos únicos es en verdad un enorme reto pero también un gran orgullo para mí, pues cada uno de estos reconocimientos nos permiten entender que junto a cada uno de ustedes vamos en el camino correcto, que efectivamente somos la #GeneraciónVerde y que no debemos descuidar ni un solo centímetro de nuestro mega diverso Ecuador.